miércoles, 16 de julio de 2014

Aragón: Sofía Polo Giménez y Arturo Sanmartín Suñer

Sofía Polo Giménez y Arturo Sanmartín Suñer (1931)

Sofía Polo Giménez, nacida en Cervera de la Cañada (Zaragoza) el 4 de abril de 1904, era maestra. Murió fusilada en Palencia el 13 de agosto de 1936. Su marido, Arturo Sanmartín Suñer, nacido en Cedrillas (Teruel) el 26 de febrero de 1898, inspector de enseñanza primaria, fue fusilado y desaparecido en Palencia el 8 septiembre de 1936.

En http://buscameenelciclodelavida.blogspot.com.es/2012/11/sofia-polo-jimenez-maestra-de-la.html encontramos su historia, facilitada por una nieta de ambos, Consuelo:

Ya manifestó su temperamento rebelde cuando en 1923 abandonó, en tercero, los estudios en la Escuela Normal de Zaragoza y volvió a Calatayud con su familia, donde Arturo Sanmartín estaba destinado de maestro. Entonces, animada por Arturo, se matriculó libre en Teruel y acabó Magisterio. En 1926, gracias a Manuel Bartolomé Cosío, comenzó a trabajar de maestra en la “Fundación Sierra Pambley” (Villablino, León), regida por la Institución Libre de Enseñanza (ILE), a la que también fue su marido, que había sido expedientado en Calatayud. En 1929 se trasladaron a Madrid, cuando Arturo aprobó el ingreso en la Escuela Superior de Magisterio. Desde 1929 hasta 1932 regentaron una escuela de la Sociedad de Amigos del Progreso en el barrio de Tetuán. En junio de 1931 participó en el Congreso de la Federación Española de Trabajadores de la Enseñanza (FETE) y propuso que se considerara “el derecho de prioridad como recompensa a la permanencia en escuelas rurales”. También fue directora y profesora de las colonias escolares de El Molar y Riofrío.

Sofía, mujer avanzada en su época, trabajó para mantener a la familia mientras su marido estudiaba, aunque él nunca dejó de dar clases. Además de trabajar con entusiasmo, siempre junto a su marido, se implicó en la política, y en el cuidado de sus niños pequeños: Arturo (Villablino, 1927), Adolfo (Villablino, 1929 – Madrid, 2001) y Natalia (Madrid, 1931). En 1933, al aprobar Arturo las oposiciones de Inspector de Enseñanza Primaria, toda la familia se trasladó a Palencia y ella trabajó de interina entre otros sitios en el Colegio Gil de Fuentes. En 1934 aprobó con el número 2 de su grupo (hombre y mujeres) los Cursillos. Desde 1934 hasta 1936 fue maestra propietaria de Palencia. En 1935 formó parte de la Comisión formada para mejorar la situación de los maestros de “la octava categoría. En 1936 era directora de la colonia de El Monte el Viejo, promovida por la Asociación de Amigos del Niño y mantenida por el Ayuntamiento de Palencia”. Esos años desplegó una intensa actividad política en el PSOE y en la FETE-UGT: dio mítines en Dueñas y en Navas, y fue coordinadora de los Pioneros de las Juventudes Socialistas de Palencia.

Con el triunfo del golpe de estado de 1936, en agosto la detuvieron en la colonia de El Monte. A continuación la llevaron a su casa para que recogiera sus pertenencias y le dijeron que la iban a llevar con su marido a Burgos. Pero ya no se supo nada de ella. El día 5 de marzo de 1937 “La Vanguardia” publicó la noticia: “Los horrores cometidos por los fascistas en Palencia”, en la que se afirmaba: “La esposa del inspector, Sofía Polo, maestra y propagandista socialista, fue encontrada muerta, mordida por los perros y con evidentes señales de haber sido ultrajada”.

Arturo, que estaba escondido en los sótanos del Colegio Modesto Lafuente, pudo haber escapado, pero al recibir la noticia de la muerte de su mujer, decidió no oponer resistencia a su detención. Entonces fue paseado por las calles de Palencia y asesinado el día 8 de septiembre de 1936.

Su casa fue saqueada. Nunca se encontraron sus cadáveres. Nadie extendió sus partidas de defunción.

Fuentes: N. SANMARTÍN POLO y C. GARCÍA COLMENARES. La enseñanza una ilusión compartida. - Zaragoza, 2008.

El diccionario biográfico elaborado por la Fundación Pablo Iglesias contiene una breve biografía sobre Arturo Sanmartín:

Inspector de Primera Enseñanza de Palencia y miembro de FETE
Cedrillas (Teruel) 26/02/1898 -- Palencia (Palencia) 08/09/1936

Realizó los tres primeros cursos de Magisterio en Barcelona y el cuarto en Zaragoza. En 1917 sustituyó a su padre, Benito Sanmartín, en la escuela de Calaceite (Teruel). En 1918 aprobó las oposiciones y fue destinado como maestro nacional a la Escuela Graduada de Calatayud (Zaragoza), donde conoció a su esposa Sofía Polo Giménez.
Como consecuencia de un expediente administrativo por poner en funcionamiento un “Centro Instructivo” para hombres y mujeres adultos, estuvo un tiempo en la cárcel de Calatayud. En 1926 el expediente se resolvió en una amonestación privada. Ese mismo año Arturo pidió la excedencia y, gracias a la amistad que le unía a Manuel Bartolomé Cossío, él y su mujer encontraron trabajo en la “Fundación Sierra Pambley” (Villablino, León), regida por la Institución Libre de Enseñanza (ILE). 

Estando en Villablino, aprobó el ingreso para la Escuela Superior de Magisterio de Madrid y reingresó en una escuela de Guadalajara en la que estuvo poco tiempo, porque pidió un permiso de tres meses por el nacimiento de su segundo hijo. En Villablino nacieron Arturo (1927) y Adolfo (1929 – 2001). Desde 1929 hasta 1932 Arturo y Sofía regentaron una escuela de la Asociación de Amigos del Progreso, próxima a la ILE, en la calle Juan Pradillo 20: la vivienda estaba en la planta baja y la escuela en la primera. Allí nació su hija Natalia. 

En 1931 participó en la constitución de la Federación Española de Trabajadores de la Enseñanza (FETE): formó parte de la Junta Directiva, fue el bibliotecario de la FETE de Madrid y sustituyó a Rodolfo Llopis en la dirección de la revista “Trabajadores de la Enseñanza”, cuando éste pasó a la Dirección General de Enseñanza Primaria. En 1932 aprobó las oposiciones de Inspectores de Enseñanza Primaria y fue destinado a Palencia, donde su mujer trabajó de interina y se preparó para los Cursillos de Magisterio. 

En 1935 Arturo fue becado por la Junta de Ampliación de Estudios (JAE) y viajó a varios países europeos para conocer el funcionamiento de establecimientos escolares y de sistemas pedagógicos pioneros. En 1936, recibió una nueva beca y repitió los viajes de la JAE. 

Al triunfar el golpe de Estado de julio de 1936 se escondió en el sótano del Grupo Escolar Modesto Lafuente del que era directora Ubaldina García Díez y en el que él y su familia ocupaban una de las viviendas del primer piso. Carmen, una de las hijas de doña Ubaldina, la que le bajaba la comida todos los días, le dio la noticia de que habían torturado, ultrajado y fusilado a su mujer. Entonces la policía, que lo vigilaba y buscaba, entró en el sótano, se lo llevó detenido sin que él opusiera resistencia y lo paseó, con burla y befa, en una camioneta por las calles de Palencia. Ya no se supo nada más de él ni de su mujer. Nunca se encontraron sus cadáveres. Nadie extendió sus partidas de defunción. Sus hijos acogidos por la familia Sanmartín pasaron la Guerra en Calaceite y más tarde en las colonias que fundó el Ministerio de Instrucción Pública y Sanidad.

Fotografía: Archivo fotográfico FPI 

Fuentes: Natalia SANMARTÍN POLO, “La enseñanza una ilusión compartida. Sofía Polo y Arturo Sanmartín”, subvencionado por el Gobierno de Aragón dentro del programa “Amarga memoria. Investigación II República y Guerra Civil”. Edición de la autora, Zaragoza 2008. Y documentos privados del archivo familiar de la familia Sanmartín Polo.
 Colegio Modesto Lafuente de Palencia (1986)


En http://sanmartinpolo.wordpress.com/2014/05/24/la-libertad-pedagogica/ aparecen los artículos publicados por Arturo en "El Socialista":

 Arturo, maestro con 17 años en la Escuela de Calaceite (2ª fila empezando por abajo, 5º empezando por la izquierda)

"La libertad pedagógica". Así se titula el primero de los artículos que el profesor Herminio Lafoz ha rescatado de “El Socialista”, escritos por Arturo Sanmartín entre 1924 y 1926. En ellos, como dice el profesor Lafoz, refleja su estancia en la cárcel de Calatayud en la que estuvo preso en 1925, acusado de comunista, por dirigir un Centro Instructivo -no autorizado- en el que daba clase a obreros y obreras al finalizar su jornada laboral. El resto de los artículos tratan sobre cuestiones pedagógicas que en palabras de Herminio Lafoz “muestra el alto grado de preparación teórica de la que haría alarde en años posteriores”.

Estos artículos han sido publicados en la Revista de Historia y Pensamiento Contemporáneos “XIX y Veinte”, número 8, verano-otoño 2013. 

http://sanmartinpolo.files.wordpress.com/2014/05/xix-y-veinte_arturo-sanmartc3adn.pdf 

Un estudio titulado "El Magisterio palentino en el primer tercio del s. XX: del ideal regeneracionista a la realidad cotidiana" menciona a Arturo (fuente: dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/3829860.pdf):


El Magisterio palentino de esta época conoció las innovaciones pedagógicas que se estaban desarrollando en el resto de España promovidas por la Institución Libre de Enseñanza; varios profesionales de la capital y provincia, como Dª Ana María Gómez Sánchez, maestra en Baltanás, Mariana Arrieta Ramiro, maestra de
Abia de las Torres o D. Arturo Sanmartín Súñer, Inspector de Primera Enseñanza, se beneficiaron de las pensiones que gestionaba la Junta para Ampliación de Estudios en el extranjero.

En la página http://elangelrojo.wordpress.com/ se recogen las palabras de Arturo Sanmartín Suñer en el Primer Congreso Pedagógico de la Asociación General de Maestros celebrado los días 3 y 4 de abril de 1931:

“Decimos que la Escuela, para que no resulte una institución falsa, de intereses extraños al niño, debe estar enraizada en las costumbres del pueblo, recoger sus palpitaciones, sus luchas, y darles vida, encauzando y dirigiendo sus aspiraciones. Una escuela, pues, que refleje el medio como base indispensable para toda nuestra labor educativa. Y el medio, la realidad social en que nos desenvolvemos, nos ofrece dos fuerzas en lucha: la burguesía y el proletariado. A estas dos corrientes en pugna corresponden también dos escuelas antagónicas: la escuela burguesa y la escuela proletaria. La escuela burguesa, como ha dicho el ponente, es inhumana, porque defiende los intereses exclusivamente de una clase que se limita a sí misma, procurando solamente su bienestar y no el de todos los individuos que integran el cuerpo social. La escuela proletaria, en cambio, en cuanto que aspira a realizar un ideal colectivo de bienestar común, y aun cuando se defiende para aminorar los efectos de la esclavitud y de la explotación, es una escuela eminentemente humana. El humanismo de la clase proletaria es inseparable de su clasicismo, puesto que es su esencia ideal, el móvil de todas sus luchas, la gran arma de combate. La escuela de la clase burguesa, de valores caducos, es transitoria. La escuela proletaria, basada en el trabajo y el bien común, alcanza la categoría de lo eterno. Si el proletariado pretendiera volver la tortilla, como algunos dicen, esto es, que los ricos pasen a ser pobres y éstos ricos, sus aspiraciones serían tan restringidas, tan exclusivas, y su escuela tan inhumana como la de la actual burguesía. Pero ya queda demostrado que no es así. La escuela pública, en España al menos, es la escuela del pueblo, y hay que añadir que del pueblo pobre, del pueblo proletario. El hijo del empleado de Hacienda, como el del campesino que tiene un par de mulas y seis hectáreas de tierra, son tan proletarios como el del albañil o el del electricista. El maestro de escuela nacional, que tiene un haber medio, no superior al nivel medio de jornal de la clase trabajadora, es como los individuos de esta clase, un proletario, tan sufrido y tan explotado como ellos. Y si es un proletario y los niños que recibe en su escuela son hijos de proletarios —los hijos de los banqueros y de la aristocracia no van a la escuela pública—, no podrá actuar en su escuela de otro modo, sin traicionar a su conciencia de clase y a los imperativos de su misión Educadora, que de acuerdo con los intereses del niño, que son los de la clase proletaria.

No estimo, como el ponente, que haya dos fases en nuestro camino hacia la verdadera escuela que se realicen sucesivamente, sino que, a partir de la escuela de clase, como base, debe ir realizándose la escuela humana, que es su ideal: no una después de la otra, sino la una en la otra, simultáneamente, en la medida [en] que nos sea posible. Por lo tanto, a las características señaladas para la escuela proletaria, de universalidad, laicismo, etc., yo añadiría la de humanismo. El proletariado no debe suplir la acción oficial de Estado creando escuelas primarias, como se recomienda en la conclusión quinta. No es político ni responde a la acción social que la escuela debe realizar en el estado marxista. La acción del proletariado ha de estar encaminada a exigirlas del Estado y en las condiciones que satisfagan sus anhelos de clase. Lo que, a mi juicio, debe hacer el proletariado, es crear en sus sindicatos la escuela del militante, del luchador, del propagandista, que el Estado nunca ha de darle, y no hay que añadir que debe hacerlo sin aceptar la intervención oficial.

La formación universitaria del maestro es un mito burgués. Y aunque no lo fuera, antes de ir a la Universidad habría que transformarla. Por dos razones: por teórica y por burguesa. Los que a nuestra condición de maestros unimos la de ser estudiantes en la enseñanza superior, sabemos muy bien cómo, por regla general, se deforma la mente de los jóvenes con una moral, una economía y una sociología de tipo marcadamente capitalista, que no tiene ningún interés para nosotros ni para la clase trabajadora. La escuela de clase del proletariado que preconizamos irrumpe en el campo de la Pedagogía destruyendo el señoritismo de la cultura general burguesa y creando la escuela del trabajo, junto al taller, en el sindicato, en el campo de experimentación y en los laboratorios. La escuela general humana, de tipo burgués, de que nos hablaba ayer tarde en el mitin el señor Landa, no responde a la concepción nuestra de una sociedad integrada por productores. El futuro productor, condición esencial del hombre que queremos, no recibiría sólo una cultura general hasta los dieciocho años, para después especializarse en una profesión, sino que desde el primer momento pondría en juego su actividad con vistas a la función a realizar en la sociedad de que forme parte. La cultura general universitaria, que no negamos, la recibirá todo individuo en la medida de que sea capaz a través de su actividad especializada, en el trabajo y por mediación del trabajo, y esto por una razón biológica, además de la social ya señalada. El maestro, pues, debe enrolarse en las filas del proletariado y luchar con él hasta lograr su emancipación, y, además, transformar todas las instituciones de cultura, desde la escuela primaria hasta la Universidad, para que de ellas surja el ciudadano elevado a la categoría de productor, que es, sin duda, la condición superior del hombre del mañana”.

También en la página http://sanmartinpolo.wordpress.com/sofia/ consta la siguiente información sobre Sofía y su depuración a título póstumo:
Sofía: sancionada y separada del Magisterio después de muerta

Sofía Polo Giménez, como podemos ver en numerosas publicaciones de su época, dedicó toda su vida profesional a los niños y, en particular, a los niños de los trabajadores que eran los que tenían menos medios para educarlos. Su entrega a los hijos de los trabajadores fue muy intensa durante su estancia en una escuela de la Sociedad de Amigos del Progreso del barrio de Tetúan de Madrid, la de la calle Juan Padrillo; y, desde 1934, en Palencia, adonde se había trasladado con toda su familia.

Precisamente por esta labor educativa, y por su compromiso político con la FETE, fue brutalmente ultrajada y asesinada entre los meses de julio-agosto de 1936. Además hicieron desaparecer su cuerpo “que había sido mordido por los perros”. Por si fuera poco, a comienzos de 1937 –ya fallecida-, la Comisión Depuradora del Magisterio de la Provincia de Palencia le abrió un expediente. Varios documentos de la época dan fe de estos atropellos: el Oficio de la Comandancia de la Guardia Civil de Palencia, el del Alcalde de la ciudad, Martín Escobar, y una carta, fechada en marzo de 1937, del representante de los padres de familia, Tomás Alonso Rodríguez, que facilitó una relación de maestros a la Comisión Depuradora del Magisterio de Palencia. La figura del “delator” resultó fundamental en las purgas que la Dirección General de Seguridad llevó a cabo entre los maestros aún sin haber terminado la guerra.

A Sofía Polo Giménez, maestra nacional, la calumniaban con frases como la siguiente: “se dedicó a la política de izquierdas, no cumplió con sus deberes religiosos y observó mala conducta”. A pesar de que en la documentación del expediente constaba “que ya es difunta”, un año después de su asesinato, en agosto de 1937, en el Boletín Oficial de Palencia se la requería para que indicara su domicilio. Y en el Boletín Oficial del 17 de enero de 1940 se publicó su separación definitiva del servicio y su baja en el escalafón.


Oficio de la Comandancia de la Guardia Civil (Palencia, 23 de febrero de 1937)

Oficio del Alcalde, Palencia Marzo de 1937Ofi

 Oficio del Alcalde (Palencia, marzo de 1937)
Carta de D. Tomás Alonso Rodríguez, Palencia abril 1937
Oficio de la Comisaría de Investigación y Vigilancia, Palencia 18 mayo 1937

 
Certificado de la Comisión Depuradora del Personal del Magisterio, Palencia 20 de julio de 1937

Boletín Oficial (Palencia, agosto de 1937)
 
En http://www.sipca.es/censo/1-ARQ-ZAR-020-067-112/CALATAYUD.html&fosa figura la fosa común en la que fueron enterrados ambos (el nombre de Arturo contiene un error, el segundo apellido aparece como Sánchez, cuando en verdad es Suñer):

LOCALIZACIÓN: ZARAGOZA - COMUNIDAD DE CALATAYUD - CALATAYUD - CALATAYUD

Datos generales Tipo de fosa: Represión provocada por los sublevados
Fecha: 01/08/1936

La fosa común del cementerio de Calatayud contendría los restos de numerosas personas asesinadas por los sublevados, principalmente en los primeros meses de la guerra. La gran mayoría de ellas murieron en el otro extremo del camposanto, frente al muro frontal del recinto pero en su parte exterior. Desde allí los cuerpos eran arrojados por encima del muro para ser depositados en unas grandes zanjas cavadas para la ocasión en la parte interior del recinto. En los años cincuenta una cantidad indeterminada de restos fueron extraídos para ser enviados al Valle de los Caídos, sin contar con ninguna clase de permiso de los familiares. La noticia de la extracción de los restos causó enorme revuelo en la localidad y un grupo de familiares de las víctimas acudieron hasta el lugar a exigir explicaciones, creando una tensa situación ante la cual un mando de la Guardia Civil juzgó más prudente poner fin al asunto y dar por concluidas las tareas de recuperación de cuerpos. El resto de los cadáveres fueron exhumados años más tarde y depositados en el lugar en el que yacen actualmente.

La fecha de los acontecimientos es aproximada.

Otras víctimas de la represión ejercida por los sublevados: Las últimas investigaciones sitúan en unos 103 el número de vecinos de Calatayud asesinados por los golpistas entre julio de 1936 y los primeros años de la posguerra. Los nombres de las víctimas serían Bernardo Corrales Inárez, Luis Mateo Tornos, Francisco Delgado Casado, Manuel Morer García, Vicente Sánchez Lafuente, Eradio López Trapero, Germán Baquedano Barra, Jaime Tabuenca Pinilla, Daniel Quintana, Faustino Ismael Oroz Moncín, Eugenio Castillo Ibarra, Francisco Bueno Herrero, José Gorosabel García, José Ignacio Gorosabel Cortés, José Colás Aguilar, Vicente Ayerbe Martínez, Félix Martínez Martínez, Angel Navarro Sánchez, Rafael Victoria Albaladejo, Emilio Amaro Melús, Pascual Ramón Inogés Yagüe, Tomás Gracia Lucindo, Pascual Colás Roy, Agustín Ruiz Casa, Gregorio Casajús Polo, Angel Magallón Marrón, Sofía Polo Giménez, Clemente Angulo López, Tomás García Galán, Julio Arrué Gil, Melitón Saló Alda, Carmelo Villar Sanjosé, Jesús Villar Sanjosé, José María Monforte Pozo, Eugenio Ibáñez Morales, José Antonio Marco de Viedma, Manuel Romero Mediano, Amadeo Mostajo Trigo, Alberto Valenciano Merodio, Amadeo Sagüé Navarro, Hipólito Valero Cebrián, Manuel Colás Aguilar, Amelia Colás Aguilar, Modesta Aguilar Martínez, Domingo Blanco Hernando, Mariano Lázaro Galán, Ramón Valero Pablo, Tomás Joven Menés, Angel Torralba García, Arturo Sanmartín Sánchez, Luis Artasona Justes, Antonio Barbero Modrego, Bautista Estella Mochales, Jorge García García, Gabriel López López, Florencio Forcén Garulo, Pedro Mariano Diestre Casaus, Tomás Urgel Aramburo, Juan Ruiz Dana Ibarra, Demetrio Félix Torcal Aranda, Vicente Agustín Calvo, Maximino Gómez García, José María Artal Gracia, Vicente Guillén Casado, José Hernández Delgado, Domingo García Tribo, Marcos Mariano Matía Matía, Manuel Moreno Fernández, Petronila Zapatero Suárez, José María Gracia Arenas, Aurelio Miranda Miranda, Nicolás Guerrero Calvo, Francisco Nieto Mora, Mariano García Cuenca, Manuel Blasco Martín, Miguel Fernández Gallego, Juan Menéndez Muñoz, José Luis Menéndez Muñoz, Luis Ramón Gregorio, Joaquín Rico Martínez, Manuel Carlés Navarro, Mariano Zorraquín Esteban, Juan Manuel Forcén Piedra, Alejandro Camarero Serrano, Angel Guillén Melero, Jacinto Rubio Vergara, Alejandro Lázaro del Río, Mariano López, Gregorio García Abián, Severino Sánchez Carenas, Pedro Bernal Calvo, Félix Gurgui Gómez, Bautista Gracia Ruiz, Pedro López Chamendi, Antonio Callejero Oroz, Fermín Monterde Sancho, Jesús López Gonzalo, Francisco Barquinero Gálvez, Pablo Mateo Gayán, Aurora López Grau, Juan Gallego Montón, Simón Jimeno Vela, Faustino Galán Chueca, Santiago Torcal Martínez y Salvador Fernández.

Otras víctimas de la guerra en la localidad: Los militantes de izquierdas, por su parte, fueron responsables de la muerte de tres vecinos de Calatayud: el industrial Benito Sánchez Valero, que fue asesinado en Madrid, y los agentes del Cuerpo de Seguridad y Vigilancia Julián Martín Hernández y Florencio de Marco, muertos mientras participaban en batidas callejeras en Calatayud.

Número aproximado de víctima/s: Indeterminado
Intervenciones realizadas: DIGNIFICACIÓN

Homenaje a los desaparecidos enterrados en la Fosa Nº 1 de Calatayud

Asturias: Balbina Gayo Gutiérrez y Ceferino Farfante Rodríguez

Balbina Gayo Gutiérrez y Ceferino Farfante Rodríguez

Casados y padres de 3 hijas (Hilda, Noemí y Berta), se conocían desde la infancia y siempre iban juntos. Eran maestros en Cangas del Narcea. Balbina era directora de las Escuelas Graduadas de esta localidad. Delito: funcionarios de la República y miembros del partido socialista. Balbina es detenida el 9 de septiembre de 1936 cuando acude a abrir la escuela. Recibirá un disparo en la nuca el día después. Tiene 34 años. Cuando Ceferino va en su búsqueda, un vecino le informa de que su mujer ya ha sido fusilada en el parque de Muniellos, junto a otra maestra (Maximina Sánchez Seoane, destinada en Cibuyo) y a una madre soltera, y sus restos abandonados en una cuneta. Él se entrega a las nuevas autoridades y permanece preso apenas unas horas, siendo ejecutado en Bilmeda al día siguiente (11 de septiembre) y su cuerpo arrojado a un barranco. Tenía 33 años y era primo del escrito Alejandro Casona. Sus hijas son separadas y criadas por distintos familiares; nunca más vivirán juntas. Hilda, huérfana desde los 5 años, y maestra como sus padres, presentará al juez Garzón el expediente de desaparición sus padres 70 años después.

Sus hijas Noemí, Hilda y Berta

En la página http://imagina65.blogspot.com/2011/11/la-zona-historica-hilda-farfante.html encontramos la siguiente información: 

Hilda Farfante Gayo, de 79 años, confesó entre lágrimas, que había sido el sentimiento de culpa el que la había llevado hasta allí, a participar en el encierro simbólico de apoyo al juez Baltasar Garzón.

 "Me siento culpable de lo que le pasa. Porque yo le veía que iba a por Pinochet y luego a por los argentinos y siempre decía: ¿Y lo de mis padres? ¿Y la represión franquista?

Cuando dijo que se iba a ocupar de esto, me llevé la alegría de mi vida. Ahora, con todo lo que le está pasando, tengo ganas de pedirle perdón. Mi abuela siempre decía: 'a los falangistas decidles siempre a todo que sí. No les llevéis nunca la contraria'. Y a lo mejor tenía razón".

Hilda tenía cinco años cuando perdió a sus padres, ambos maestros, como ella. "Se conocían desde pequeños, iban siempre juntos. Nunca se había separado. A mi madre fueron a buscarla cuando iba a abrir el colegio. Ocho años después, en su acta de defunción, escribieron como causa de la muerte: 'Hecho de guerra'. Abrir el colegio de un pueblo era un hecho de guerra. Mi padre fue a buscarla al día siguiente y lo mataron también. Ella está enterrada en una cuneta. A él lo tiraron por un barranco. Son desaparecidos. A las tres hermanas nos separaron, cada una con un familiar. Ya nunca volvimos a estar juntos", cuenta, emocionada.

"Yo siempre pensé que si esto lo cogía Garzón, se solucionaría todo, pero se ha metido en una trampa. El franquismo sigue gobernándolo todo", concluye.

Ceferino y Balbina fueron maestros en Cangas del Narcea (Asturias). Su historia quedará señalada en la Historia por Hilda, que quedó huérfana a los 5 años. Sus padres eran Maestros de la República, enseñaban a sus alumnos los valores de la República, la Igualdad, el Laicismo y la Libertad, creaban en ellos un espíritu crítico que les permitiera progresar en su vida.

Balbina fue a abrir la Escuela sabiendo que quizá no volvería a a casa, ¿Por qué lo hizo? ¿Quizá por morir matando? ¿Por sentido de la responsabilidad? Da igual. Ella retiró de su Escuela la cruz, y fue al cercano colegio de monjas a decirles que debían quitarlo, órdenes de la República. Pero no fueron las monjas quienes dieron el chivatazo. Fue un primo carnal de su marido, el cual era de Falange, y que vio que así podría hacer méritos dentro del partido. Los denunció por ser rojos, muy de izquierdas, quizá incluso miembros del Partido Socialista, nadie lo recuerda.

Fue llevada a prisión. Su marido, Ceferino, un alegre y simpático maestro, al enterarse, consiguió ciertos papeles que quizá ayudaran a que liberaran a su mujer. Le recomendaron que no fuera, que le iban a matar, pero él sabía que si era su mujer la que moría, lo suyo ya no podría llamarse vida. Cuando estaba llegando, un vecino le dijo que su mujer ya había sido fusilada, junto a otra Maestra y a una madre soltera. Él duró pocas horas en la cárcel, fue también ejecutado.

Sus 3 hijas, Noemí, Hilda y Berta, quedaron así huérfanas sin quererlo. Los vecinos recomendaron a su tío que se las llevara lejos, que posiblemente también las mataran a ellas. Fueron separadas y llevadas con distintos familiares. Hilda fue a vivir con su adorada tía Guillermina, Maestra también, y roja como su hermana y su cuñado.

Hilda vivió en Boal, con su tía, donde todo el mundo sabía quienes eran ambas. Hilda sufrió insultos y vejaciones durante toda su infancia y también esquivas miradas de complicidad y compasión. Tan férrea fue la educación franquista que ella se pasó la vida purgando los supuestos pecados abominables de sus padres, que eran unos rojos, asesinos, destrozapatrias, y su madre además, como no, era una puta.

[...] Ese día celebraban la conquista de Bilbao o algo así en el pueblo. Y como en el pueblo ya mandaban los golpistas , los de Franco, los nacionales hacían un desfile en el pueblo y pasaban el cura, todos los militares y detrás los falangistas desfilando…Yo, que estaba jugando a la rayuela, agachada, con unas niñas, miré hacía la casa y vi a mi tía Guillermina de perfil, asomada en el balcón, porque el desfile le pillo y, claro, mi tía tenía miedo porque ella era igual que mis padres, tenía las mismas ideas [...]

Sabía que estaba señalada y no se atrevió a meterse para adentro cuando estaba en el balcón [...] Salí corriendo y [...] empecé a gritar <>. [...] Entonces, mi tía Guillermina me hizo callar, me cogió, se volvió para atrás, me apretó la boca y me empujo contra la contraventana; los falangistas llegaban justo en aquel momento. Y mientras me apretaba, levantó la mano y hacía como todos: << ¡Arriba España! ¡Viva Franco!…>> [...]

Hilda se hizo Maestra, acabó viviendo en Madrid, siendo directora de las Escuelas Aguirre, en 1981, aún se cantaba el Cara al sol y ella dio orden de que jamás volviera a cantarse.

 Hilda Farfante Gayo

En http://www.redalyc.org/pdf/869/86930503004.pdf encontramos más referencias:

Hilda Farfante, hija de los directores de las escuelas primarias de Cangas de Narcea, hija de Balbina y Ceferino, asesinados en septiembre de 1936, ambos fusilados, relató la historia de su represión:

"Yo iba a la iglesia y lloraba y todo el mundo creía que lloraba por mis pecados [...]. Pero yo aquello lo asumía de otra manera porque era una niña, lo asumía como que mis padres eran culpables [...]. Yo me acuerdo de levantarme a las siete de la mañana antes de ir a la escuela, para ir a misa a comulgar y a confesar, todos los días [...]. Recuerdo una costumbre que decía que si el Día de los Difuntos entrabas a la iglesia y rezabas siete padrenuestros y salías a la calle, y volvías a entrar y a rezar, cada vez sacabas un alma del purgatorio... Yo entraba y salía setenta veces, era la que más entraba y salía".


A su muerte, el hijo de un compañero de Hilda, relató lo que ella le había contado del asesinato de sus padres:

“Hilda, con 5 años, veraneaba con sus padres en Besullo; era la mediana de tres hermanas y sus padres ejercían siempre juntos. Era un 8 de septiembre y la madre tenía la responsabilidad de dejar Besullo y
desplazarse a Cangas. Había que abrir la escuela. La guerra llevaba ya unas semanas de su propio curso, pero ella era la directora y como funcionaria de la República tenía la obligación de personarse y reanudar
las clases; en principio, todo maestro lo piensa, la guerra no la hacen los niños. La mataron de un tiro en la nuca junto a los árboles en lo alto de Moal, a unos kilómetros de la escuela, junto a otras tres maestras como ella. Se llamaba Balbina Gayo Gutiérrez y tenía 34 años. Su marido no supo nada y pasó dos días pensando qué debía hacer. Cuenta Hilda que Alejandro Casona –otro maestro de escuela, hoy olvidado pero famoso entonces como autor de una obra teatral que sacaba a la derecha de sus casillas, Nuestra Natacha, que hoy nos haría sonreír por su candor–inició desde Besullo, que también era su pueblo, el peregrinaje hacia el exilio, y recomendó a su padre que marchara con él. Tenía, pues, tres opciones. Quedarse con sus hijas y esperar, marchar con Alejandro Casona o ir a la búsqueda de su mujer. Si nunca se había separado de ella, no iba a hacerlo ahora. Escogió lo último. Le detuvieron, le ataron las manos atrás y le aplicaron la ley de fugas; lo mataron por la espalda en Bimeda, al otro lado de la Sierra de Pando, donde habían dado muerte a su mujer dos días antes. Se llamaba Ceferino Farfante Rodríguez y
tenía 33 años”.


martes, 15 de julio de 2014

Aragón: Julia Abadía Navarro

Julia Abadía Navarro

Natural de Ejea de los Caballeros (Zaragoza). Nacida en 1904 o 1905. Miembro de la Sociedad de Campesinos «Pablo Iglesias» de la UGT y afiliada a la AS de Ejea de los Caballeros (Zaragoza). Conocida como «Curra». Participó en el grupo de teatro de la UGT en la Casa del Pueblo Al triunfar el golpe de Estado del 18 de julio de 1936 escapó del pueblo junto a su marido Gerardo Cucalón. Antes de salir del término municipal regresó apenada por haber dejado a su hija con sus abuelos. Fue detenida, encerrada en la cárcel y fusilada en Ejea de los Caballeros el 14 de agosto de 1936 a los 32 años.

Su hermano Jesús, "Curro", también miembro de la UGT, afiliado a la JS de Ejea desde 1933 y tesorero de esta organización, era carpintero ebanista en un taller de su propiedad. Estuvo detenido por su participación en la revolución de octubre de 1934, saliendo en libertad tras la amnistía por el triunfo del Frente Popular en febrero de 1936. Fue secretario de las Juventudes Socialistas Unificadas de Ejea. Al triunfar el golpe de Estado del 18 de julio, pudo escapar del pueblo pasando a la zona republicana el 6 de agosto, donde perteneció al Batallón Cinco Villas como capitán de la 43ª y 55ª División combatiendo en los Pirinéos, alto Aragón y Tardienta. Finalizada la guerra civil, cruzó la frontera francesa el 10 de febrero de 1939 por Puigcerdá, permaneciendo en Vernet d`Ariège hasta el 24 de mayo de ese año, cuando embarcó en el Sinaia rumbo a México donde llegó el 13 de junio siguiente. En México vivió de la carpintería. Residió en Pachuca, Acapulco (durante quince años) y finalmente en México DF donde falleció el 19 de diciembre de 1989.

 

Fotografía: Archivo fotográfico FPI

Fuentes: J. L. JERICÓ LAMBÁN. Galería biográfica de socialistas ejeanos… p. 389

Aragón: Antonio Abadía Cortés

Antonio Abadía Cortés

Albañil. Miembro de la UGT de Ejea de los Caballeros (Zaragoza). Fue procesado por su participación en la revolución de octubre de 1934 siendo internado en la cárcel de Torrero (Zaragoza) donde cumplió condena hasta su liberación en febrero de 1936 tras las elecciones que ganó el Frente Popular. Al triunfar el golpe de Estado del 18 de julio de 1936 pudo escapar de Ejea de los Caballeros refugiándose en la zona de Sora, pasando varios días en los alrededores del castillo, en pleno monte de Castejón de Valdejasa. Posteriormente pasó a la zona republicana para combatir en el Ejército de la República con el grado de teniente. El 4 de enero de 1939, junto a doce compañeros, quedó rodeado en una emboscada en Artesa de Segre (Lérida). Su única salida era el río Segre al que se tiraron intentando escapar siendo abatidos por las tropas franquistas.

Fotografía: Archivo fotográfico FPI

Fuentes: J. L. JERICÓ LAMBÁN. Galería biográfica de socialistas ejeanos… p. 388

domingo, 13 de julio de 2014

Extremadura: María y Gabriel Casco Arias

María y Gabriel Casco Arias (verano de 193?, Baños de Montemayor)

Naturales y vecinos de Villamesías (provincia de Cáceres). En la fotografía, él aparece con bastón en mano y ella a su derecha. Vivían con una adolescente, Isabel Ramos Broncano, a la que habían "adoptado", fusilada junto a ellos en agosto de 1936. Sus restos fueron arrojados a una fosa común en las tapias del cementerio, la cual permanece intacta hasta hoy, que alberga al menos a cien personas. 

En el documento titulado Memorial Extremadura figura la siguiente información:

RAMOS BRONCANO, Isabel. Vecina de Villamesías (Cáceres). Dieciséis años. Según consta en el Libro de Defunciones del Registro Civil falleció durante el enfrentamiento habido el 2 de agosto de 1936 entre tropas del Regimiento Argel, procedentes de Cáceres y una Columna republicana que se dirigía hacia Trujillo con el objetivo de tomar esta localidad. Según testimonios de vecinos de Villamesías, recogidos por Julián Chaves (2004, 142), fue fusilada por los sublevados junto a otros vecinos de la localidad y numerosos milicianos. CHAVES, Julián, 2004, 142

En lahistoriaenlamemoria.blogspot.com encontramos la siguiente información:

María Casco Arias. Vecina de Villamesías (Cáceres). Viuda. Según consta en el Libro de Defunciones del Registro Civil, falleció durante el enfrentamiento habido el 2 de agosto de 1936 entre tropas del Regimiento Argel, procedentes de Cáceres, y una Columna republicana que se dirigía hacia Trujillo (Cáceres) con el objetivo de tomar esta localidad. Según testimonios de vecinos de Villamesías, recogidos por Julián Chaves (2004, 142), fue fusilada por los sublevados junto a otros vecinos de la localidad y numerosos milicianos. CHAVES, Julián, 2004, 142

José Casco Arias (hermano de María). Vecino de Villamesías (Cáceres). Propietario de 32 años, soltero. Afiliado a Izquierda Republicana y alcalde de esta localidad. Según consta en el Libro de Defunciones del Registro Civil falleció durante el enfrentamiento habido el 2 de agosto de 1936 entre tropas del Regimiento Argel, procedentes de Cáceres y una Columna republicana que se dirigía hacia Trujillo con el objetivo de tomar esta localidad. Según testimonios de vecinos de Villamesías, recogidos por Julián Chaves (2004, 142), fue fusilado por los sublevados junto a otros vecinos de la localidad y numerosos milicianos. CHAVES, Julián, 2004, 142

En http://alasombradeltomate.es/2009/04/22/frente-sur-republicano-28-agosto-1936/ figura la siguiente información sobre los sucesos:

En el Frente Sur Republicano a 28 de Agosto de 1936

En el texto del documento se afirma que los hechos ocurrieron en el pueblo de Escurial y en su cementerio, pueblo vecino de Miajadas, cuando en verdad ocurrieron en Almoharín y su cementerio. El documento recoge la declaración de Bartolomé Avís Sánchez el 28 de Agosto de 1936 en Don Benito, en el Frente Sur Republicano de Extremadura:

INFORMACIÓN OBTENIDA EN EL FRENTE SUR DE EXTREMADURA

Bartolomé Aví Sánchez, natural de Miajadas, de 44 años, casado, con 5 hijos, miembro de la Gestora republicana del Ayuntamiento de Miajadas y vocal del Comité de Izquierda Republicana de dicho pueblo, presentóse en Don Benito el día 28 por la mañana, manifestando lo siguiente:

"Que el día 26, por la noche, fueron fusilados en el Cementerio de Escurial 24 individuos, entre los cuales figuraban vecinos de Escurial y de Miajadas. De los fusilados esta noche conocía a Matea Bravo, hortelana de Miajadas, casada, que fue detenida en compañía de su marido (puesto en libertad el 26) el día 14 de agosto; Francisca, "la del Rogelio", también casada y detenida el día 18 (su marido no ha sido detenido); Gregorio, alias Goro el Escurialego, y su mujer llamada “la Manchega” y Jerónimo Calvo, éste de Escurial. A su juicio fueron todos fusilados por ser republicanos entusiastas.

Que el día 27 por la noche, fueron detenidos 12 individuos, entre ellos el declarante y después los que se relacionan.

Que al llegar cerca del cementerio del Escurial consiguió romper la cuerda que le unía al Maestro Nacional Antonio Fernández, y corriendo en medio de las descargas que le hacían fugóse y sin descansar un minuto llegó a nuestras líneas.

Los once detenidos en compañía del declarante y seguramente fusilados en la noche del 27, alrededor de la una, en el cementerio de Escurial son los siguientes:

Antonio Fernández Martín, Maestro Nacional, con destino en Miajadas, natural de Malpartida de Plasencia, de 33 años, casado y con hijos; Máximo Acero Caro, de unos 50 años, labrador acomodado, casado, con hijos y fiel cumplidor de las bases de trabajo; Alfonso Aví Sánchez, de 50 años, casado, con 2 hijos y como el anterior cumplidor fiel de sus deberes y obligaciones de patrono; Aurelio Ruiz Nieto, yerno de Alfonso Aví Sánchez, de 30 años, viudo y sin hijos y de profesión corredor de cereales; Tomás Sánchez Vivo, de 45 años, casado, con hijos, comerciante; Bartolomé Sánchez, de 45 años, casado, con 4 hijos y Julián López Sánchez, de 30 años, soltero, ambos labradores acomodados; Andrés Arcos, obrero de 55 años, casado, sin hijos y otro obrero llamado “el Cestero”, de 54 años, casado, con hijos; Vicente Llano Nieto, de 50 años, casado, con 2 hijos, de profesión labrador que también estaba en buena posición y Martín Ruiz López, Maestro Nacional de Miajadas, primo hermano del falangista Martín Valle Ruiz. Este último fue puesto en libertad antes de que la camioneta que los iba a conducir al sitio del asesinato saliese de Miajadas.


Dice que los facciosos han estado en Miajadas sin fusilar a nadie durante los primeros días; que establecieron una contribución de guerra en dinero y en especie a la gente de izquierda y que desde que empezaron los fusilamientos han asesinado a muchísimos en los pueblos del Distrito. Entre los asesinados recuerda a José Casco Arias, elemento destacado del Partido Radical Socialista, vecino de Villamesías; a su madre Josefa, a su hermana María y a los obreros que tenía.

Dice también que en Miajadas actualmente sólo hay fuerzas de la Guardia Civil".

Aquella noche, Bartolomé Aví al lanzarse del camión que le llevaba a Almoharín para ser fusilado, se rompió todos los dientes y consiguió huir siguiendo el cauce del río Búrdalo hasta llegar al Frente Republicano en Santa Amalia, Badajoz. Durante su huida y antes de llegar a su destino, se pasó en plena noche por una finca de Las Huertas del río Burdalo, en las cercanías del Puente Romero, para poder despedirse de sus hijos antes de irse a la guerra. Hijos que fueron llevados allí para que no vieran la más que previsible detención de su padre.

En cambio, el Maestro Nacional Antonio Fernández, El Gordo, al no conocer la zona, huyó en sentido contrario, hacia Sopetrán (zona del Santo de Almoharín) y allí, en una majada, pidió auxilio a un pastor, quien le dio cobijo pero a su vez se montó en un burro y fue a denunciarle ante los falangistas, los cuales le apresaron y le asesinaron allí mismo.

El resto de los protagonistas de esta historia fueron fusilados en una de las tapias del cementerio de Almoharín.


miércoles, 9 de julio de 2014

Aragón: José Marcelino Navarro

José Marcelino Navarro

Vecino de Torrellas (Zaragoza) y uno de los "Cuatro de Torrellas". Soltero. Alguacil y jornalero afiliado a la UGT, muere asesinado por los sublevados el 20 de octubre de 1936 cerca de Ágreda y en compañía de otros tres vecinos de Torrellas. Es el más joven del grupo, habiendo nacido en 1917. Sus restos son arrojados a una fosa común y exhumados en octubre de 2010.

El informe forense reza:

El Individuo 1 se corresponde con el subadulto, esto es, Marcelino Navarro. Estatura: 1,76 m.

Encontramos la siguiente información acerca de él en el blog fusiladosdetorrellas.blogspot.com.es:

El agudo sonido de la trompetilla resonó en la Plaza Mayor de Torrellas, aunque sus ecos llegaban también, amortiguados, a las últimas casas del pueblo. Marcelino, el alguacil, carraspeó antes de dar lectura al “bando” municipal de ese día. “¡Se hace saber…!” eran las palabras con las que siempre comenzaba sus pregones. Como siempre también muchos curiosos se acercaban para estar bien informados. Otros esperaban a que terminase para comentar lo escuchado.

Esta era quizás la parte de su trabajo de la que se sentía más orgulloso Marcelino, un trabajo que tenía en realidad múltiples y variados oficios, entre ellos relojero del reloj municipal al que subía a dar cuerda, vigilante del servicio de aguas y del alumbrado de las calles, y un sinfín de tareas por las que cobraba del ayuntamiento unas pocas pesetas. A pesar de ello, sabía que servía al pueblo y a sus vecinos y esa conciencia de sentirse útil le recompensaba más que la magra paga que recibía.

Además, tenía como alguacil cierta autoridad moral entre los vecinos y era respetado siempre en cuantas advertencias o recomendaciones pudiera realizar, en atención a los servicios y órdenes municipales. Eso no quitaba para que, en ocasiones, su tarea pudiera resultar algo enojosa y antipática, pues era él quien daba la cara para el cumplimiento de una norma o acción ordenada por el alcalde.

Nada de eso le impedía llevarse bien con todos en un pueblo donde tabernas y cafés, principales lugares de ocio y de sociabilidad, se distinguían por la posición económica e ideológica de quienes iban a ellos. Estaba el Café de los monárquicos en la plaza de la iglesia y el Café Moderno, también llamado Republicano, en la plaza mayor. Era a éste último al que solía acudir Marcelino en algún rato libre. De todos era sabida su amistad con republicanos y gentes de izquierdas del pueblo, especialmente con muchos afiliados a la UGT con los que compartía la ilusión de conseguir un mundo mejor y más justo pero que no terminaban de convencerle para que se afiliara.

Así transcurría la vida de un chico joven y soltero, para quien las preocupaciones de la vida adulta estaban aún muy lejos, lleno de ilusiones para el futuro e inconsciente de lo que se venía encima.

El alcalde y los concejales socialistas habían sido depuestos por los golpistas varias semanas atrás. Así los habían neutralizado para evitar que reorganizasen al pueblo, desorientado frente al golpe. A él también lo habían depurado de su cargo de alguacil, aunque todos sabían que trabajar para el ayuntamiento no significaba que él fuera un frentepopulista practicante.

A pesar de todo se encontraba aquella tarde de octubre en casa, junto a sus padres y sus hermanos. La puerta, siempre abierta, dejó paso a tres o cuatro desconocidos que gritaron su nombre: “¡Marcelino Navarro Torres, que baje!”. Al oírlos, uno de los hermanos mayores descendió las escaleras para encontrarse con aquellos hombres armados, cuyas camisas azules y correajes cruzados los delataban como falangistas. “¿Qué queréis?”, les preguntó irritado por aquella intromisión y los malos modos que demostraban. Por toda respuesta, el que parecía ser el cabecilla le puso una pistola en la cabeza mientras le empujaba hacia la calle. Afuera, alguien gritó: “¡No, ese no es, es otro más pequeño!”. Entonces se presentó Marcelino, diciendo “Yo soy el que buscáis”. Cuando se lo llevaban, su madre le quiso dar una chaqueta pues ya refrescaba. “No le va a hacer falta”, dijo desdeñoso uno de los miembros de la cuadrilla.

Aquella misma noche le asesinaron. Dicen que quienes están a punto de morir recuerdan nítidamente los acontecimientos de toda su vida. A Marcelino le debió costar poco tiempo el hacerlo. Sólo tenía 17 años. Y toda la vida por delante. 

Sobre su exhumación (fuente: igoig.blogspot.com.es):

La ASRD hace hoy público el estudio forense (se adjunta), realizado por la Fundación Aranzadi en la Universidad del País Vasco, de los cuerpos de los cuatro civiles naturales de Torrellas exhumados entre el día 9 y el 11 de octubre de 2010. El exhaustivo informe, que incluye las pruebas genéticas y las investigaciones antropológicas y forenses necesarias, identifica positivamente la relación de los cuerpos exhumados en Ágreda con Luis Torres (35 años), Marcelino Navarro (18), Gregorio Torres (40) y Feliciano Lapuente (33).

Se concluye que los cuatro civiles sacados de sus casas (no habiendo frente de guerra en Torrellas) por fuerzas de Guardia Civil y Falange fallecieron "como consecuencia directa de las lesiones [producidas] por arma de fuego" tal y como la familia sabía desde hace larguísimos años y como se puede confirmar en los informes periciales adjuntos firmados por el antropólogo forense Francisco Etxeberría.
En el informe se puede observar que Marcelino (identificado como individuo 1), de 18 años, recibe varios impactos de bala: En ambas clavículas, en las costillas, en el bajo vientre y en la cabeza (con entrada por la parte posterior y salida por la boca).

Feliciano Lapuente (identificado como individuo 2) recibe impactos en la parte posterior de la cabeza (con salida por la cara), y que atraviesan la segunda vértebra cervical.

Gregorio Torres tiene una bala en la cabeza.

Y Luis Torres tiene dos disparos en la cabeza (salida por la mandíbula), y uno en el bajo vientre.

La ASRD vincula directamente los asesinatos extrajudiciales de los cuatro civiles a la ejecución del genocidio político planificado premeditadamente por los generales alzados en armas contra el gobierno democrático de la II República, elegido legalmente en las urnas. Pese a las interpretaciones, a nuestro juicio sesgadas, de la Ley hechas por el Tribunal Supremo en el juicio contra el magistrado Baltasar Garzón Leal, consideramos que dichos asesinatos suponen crímenes de lesa humanidad según la legislación emanada de los juicios de Nuremberg que tuvieron carácter retroactivo hasta 1933, año en el que el Partido Nacionalsocialista ganó las elecciones alemanas. Además, ya el 20 de octubre de 1936 (fecha del asesinato) las detenciones ilegales, las ejecuciones extrajudiciales, los expolios, los destierros, las detenciones arbitrarias…eran crímenes internacionales graves.

La fosa de los Cuatro de Torrellas